A mis 27

JULIO 2018

Mcallen, Texas.

Y así de rápido era ese tiempo del año otra vez: el mes de mi cumpleaños.

El tiempo voló y ahora estoy aquí, apunto de recibir mis 28. Sin esperarlo, de repente ya era 3 de Julio y las palabras empiezan a fluir en mi mente. Más que palabras, sentimientos... de todo tipo.

Gratitud.

Amor.

Paz.

Emoción.

Nervio.

Incertidumbre.

Seguridad.

Tranquilidad.

Amor. Tengo dos semanas con mi familia literalmente viviendo en amor. Regina vino a revolucionar el nivel de amor que conocía. Su presencia hace que todo esté bien, y me pone en perspectiva de lo que en verdad es importante en la vida. Me recuerda a estar presente y a sonreír mucho. A no tomarme muy enserio y a ser divertida. Me recuerda que una sonrisa borra todo. Nunca pensé sentirme así a dos años de cumplir 30. Me emociona cumplir 30. Me emociona estar en esta etapa de mi vida, más yo que nunca. Conociéndome todos los días, a esta nueva Andrea que va evolucionando a minuto.

Si algo aprendí este año fue a quererme y quererme mucho. A darme esos tiempos conmigo misma cuando mi alma me lo pedía. A saber cuándo dejar de trabajar y pero también, cuando echarle todas las ganas del mundo.

A sentirme segura de mi misma.

A trabajar todos los días en ser un mejor ser humano, en todos los sentidos.

A no engancharme con cosas de baja energía.

A siempre vibrar alto.

A aceptar el reto de dejar atrás las cosas que ya no vibraban conmigo.

A simplemente dejar ir, enfocándome más en el presente que en el pasado.

A no pensar mucho en el futuro y dar todo de mí en el presente.

A valorar.

Agradecer.

Dejar ir y fluir.

Manifestar.

A dejar mi pelo crecer.

A por fin entender que mi look más bonito fue el que Dios me dio, natural.

A amar cada parte de mi.

Agosto 2018

Brooklyn, New York.

Este ultimo año como ningún otro ha estado lleno de aprendizajes, uno tras otro, que darme el tiempo de procesarlo implica muchísima meditación.

Escribir es mi meditación. Escucho la lluvia caer y el viento frío entra por la ventana abierta. Definitivamente, ya no estamos en verano. Me paro por un café, apago la música para concentrarme, respiro hondo.

Compartir. Compartir es algo muy importante para mí, no hay cosa que me haga más feliz que poder compartir algo con alguien. Recuerdo que la primera vez que entendí este concepto fue mi primera vez en Paris. Estaba viviendo en Milán, estudiando diseño de moda y mi hermana venia de Monterrey a visitarme. Decidimos vernos en Paris para regresarnos juntas a Milán. Para nuestra sorpresa, su vuelo se retrasó y estuve un día completo sola en Paris. Recuerdo ver la torre Eiffel por primera vez y sentir escalofríos de lo hermosa que es. Caminar las calles de Paris era un sueño vuelto realidad pero había algo que hacia falta... y era compartirlo con alguien.

A mis 27 viajé por todo el mundo. Hice de cuartos de hotel y Airbnb’s un hogar, llevaba conmigo palo santo para no sentirme lejos de casa. Aprendí que no importa qué tan lejos vayas, llevas contigo ese hogar. Tú eres el hogar.

A mis 27 aprendí qué puedes correr, de un lugar a otro y las cosas que tienes que trabajar seguirán ahi, dentro de ti. Que no puedes huir de tus problemas y que tienes que ser valiente para enfrentarlos.

A mis 27 aprendí a deshacerme de todo lo que ya no estaba en mi vibración. Que aunque duele, a veces tenemos que dejar ir a personas, trabajos, situaciones que ya no aportan nada a nuestra vida. Y que la única forma de seguir elevando tu vibración, es identificando todo lo que ya no te sirve y dejándolo ir.

A mis 27 aprendi a soltar. A que mi certeza fuera mas fuerte que la duda. Aprendi que soltando es cómo verdaderamente obtenemos lo que necesitamos más que lo que queremos.

A mis 27 seguí luchando por ser paciente. Entendí que los tiempos de Dios son perfectos y que a veces las cosas tardan en llegar porque la vida te esta preparando para recibirlas. Aprendi a no cuestionar porque las cosas no pasan y a tener paciencia y certeza de que cualquier cosa que sea para mí, llegará en el momento perfecto.

A mis 27 aprendí a amarme todos los días. A quererme, cuidarme, darme amor hasta en los días más difíciles. Entendí que la relación mas importante que tengo, es conmigo misma y que para poder dar a los demás, tengo que estar llena.

A mis 27 aprendí a ponerme como prioridad. Me costo muchísimo darme cuenta que estaba poniendo a todo el mundo antes que a mí. Que necesitaba ponerme como prioridad en mis listas to-do, que yo tengo que estar bien internamente para poderlo reflejar externamente. Que siendo mi mejor versión, tengo mucho más que ofrecerle al mundo.

A mis 27 aprendí que decir que no, es igual de importante que decir que sí. Empece a seguir mi intuición y solamente decir que si cuando en realidad mi alma quería, no cuando el mundo me lo exigía. A mis 27 dije más no que sí y automáticamente sentí un cambio dentro de mí. Mis decisiones empezaron a estar más alineadas a mi llamado y todo lo que decía que sí, lo hacia con mucha más energía y ganas.

A mis 27 fui tia por primera vez y conocí un tipo de amor que jamás había sentido. Regina mi sobrina se robo mi corazón y se convirtió en una constante alegría cada día de mi vida.

A mis 27 fui valiente de ver y no esconder, esas cosas que no me gustan de mí. Enfrenté cosas que no quería ver y ahora estoy en proceso de trabajarlas y trascenderlas.

A mis 27 por fin entendí que todo lo que busco afuera, lo tengo dentro. 

La vida cada ve se pone más interesante.

Vengan esos 28, nunca había estado más lista...

Al día siguiente de mi cumpleaños, escribí esto:

Real abundance comes from living in service to others.

Be open to changes, and look forward to new opportunities.

The more you share, the more you will be blessed by the universe.

Fill your life with positive affirmations, because whatever you think will manifest in your life. Whatever you conceive will turn into reality.

I learned how to be free.

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